Marianne: icono de las alegorías nacionalistas

Fragmento tomado de:  “De Francia Al Caribe: La Alegoría Republicana En Cuba.”

La alegoría republicana, surgida a propósito de los movimientos nacionalistas y antimonárquicos en Europa, constituye, del amplio repertorio de tipologías alegóricas, la más novel invención simbólica de los intelectuales y artistas occidentales. La Revolución Francesa de 1789 fue el suceso que marcó definitivamente el nacimiento de este nuevo tipo.

Con el estallido revolucionario galo se puso fin definitivo al absolutismo y surgió un nuevo sistema donde la burguesía se convirtió en la fuerza política dominante del país. Si en el período monárquico la imagen del Estado era la imagen del rey, tras la abolición de la monarquía el retrato del rey fue, lógicamente, reemplazado por un “retrato” de la República. El Estado republicano, en busca de una insignia característica, vuelve su mirada hacia la antigüedad grecolatina como parte del ánimo neoclásico que se apoderaba de toda Europa. La República francesa encuentra en las alegorías grecorromanas, principalmente en el repertorio iconográfico de la Libertas y la Victoria, la síntesis visual del triunfo burgués de los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Espontáneamente, surgen por toda Francia estampas del nuevo atributo hasta que, en
1792, se oficializa. El 22 de septiembre se proclama la República y el día 25 la Convención decreta que el sello del Estado “portará por tipo a Francia bajo los rasgos de una mujer vestida a la antigua, de pie, sujetando en la mano derecha una pica coronada por un gorro frigio o gorro de la Libertad” (Agulhon, 1992).

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Sello del Estado Francés, 1792

Surge así la alegoría de la República francesa; ella toma el nombre de Marianne y su imagen, encarnación de la Libertad, comienza a poblar todas las alcadías, plazas y documentos de la época.

Los primeros bustos revolucionarios definen el prototipo que se extenderá luego: una mujer joven, vestida con túnica romana, con el pecho desnudo en ocasiones, sobre cuya cabeza reposa un gorro frigio, divisa de la libertad. Los patrones se diversifican a lo largo de la convulsa historia gala y cada época, artista, región, alcaldía…interpreta y representa la alegoría según su postura particular. Al finalizar el siglo XIX, la alegoría francesa constituye un icono totalmente consolidado y arraigado en la simbología nacionalista del país. La República era una joven majestuosa, vestida con una túnica romana tricolor (según los colores de la bandera) y gorro frigio sobre su cabeza.

Este signo de la República francesa constituye un tipo singular, ya que incorporó a la práctica alegórica una carga semántica hasta el momento inédita: el nacionalismo patriótico. Desde la aparición de Marianne, la alegorización se convierte en una alternativa para la representación nacionalista de carácter oficial, metáfora del Estado y de su poder republicano. Si bien la personificación de regiones geográficas era una costumbre usual desde los tiempos del Imperio Romano (las efigies de Hispania, Germania, Galia, etc.), es con Marianne que tal recurso adquiere valores patrióticos, puesto que surge como símbolo asociado a los movimientos nacionalistas en los procesos de formación de los Estados europeos modernos.

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